Metamodelos
y un nuevo lenguaje sin el “por qué”
Mi mejor amiga se llama Paula, y desde la primera bitácora
que he escrito para esta clase, he comentado que tiene problemas económicos en
su familia y por eso mismo no ha podido regresar a estudiar. Este fin de semana
quise visitarla para ir a comer a algún lado cercano, en lo que escogimos Centro
Chía. Por chat me había dicho que le había ido mal en su último trabajo, entonces
en vez de iniciar la conversación con ese tema, decidí ir con cosas más
triviales sobre las nuevas películas, los juegos que yo seguía y cómo la pasaba
en la Universidad.
Luego de comer en la plazoleta de comidas, unas quesadillas
del Carnal, cuando las cosas estaban más suaves, ahora sí me opté por empezar a
hablar de su trabajo. “Me dijiste que no te fue nada bien en Andrés, ¿Qué
ocurrió?” pregunté para empezar. Paula me dijo directamente que había sido
despedida a solo las dos semanas de haber trabajado ahí. “Tal como dijiste! El
ambiente es pesadísimo, apenas en mi primer fin de semana hicimos veinte
millones de pesos, ¿te lo puedes creer? No podía detenerme ni descansar ni una
hora esos dos días”.
Sabiendo que tenía básicamente prohibido decir la pregunta “por
qué”, pensé rápidamente en hacer el desafío de su afirmación para animar más la
conversación. “¿Tenías demasiados clientes, muchos pedidos?” le pregunté. “Uy
sí, pero muchísimos, a más no poder. Tenía que correr de aquí para allá,
llevando bandejas de platos, bebidas…pero mi jefa recibía muchas quejas de mí”.
“¿Ellos notaban que eras nueva? ¿No perdonaban ningún error?” le seguí preguntando.
“Sí, una vez hice mal las cuentas de las botellas de las neveras y los
dispensadores de hielo. ¡Incluso de los nervios regué la Coca Cola encima de un
cliente! Qué vergüenza pasé…Ella me llamó para hablar en privado y me dijo que
aunque era amable y que daba lo mejor de mí, no podían tolerar demasiados retrasos
o quejas de los clientes…y me despidió”. “Quién exactamente?” “Mi gerente, mi
jefa”.
A pesar de todo lo que decía sobre cómo fue de estresante sus
días de trabajo, gracias a mis preguntas que mantenían viva la curiosidad e intriga
por querer saber más sin utilizar el “por qué” y el que ella estuviese tan
tranquila y de hecho tomándoselo con gracia, fue la razón principal por la cual
me contó todo, sin siquiera notar mis desafíos o cambios en hacer las
preguntas. Un tema del que ella no quería hablar al principio, se convirtió en
nuestro centro de la conversación en una buena tarde de amigas para salir a
almorzar.
La importancia de los metamodelos y el saber cómo
aplicarlos según cada tipo de categoría radica en nuestro uso del lenguaje.
Bien sabemos que expresamos un muy bajo porcentaje de lo que hablamos, puesto
que el lenguaje nunca puede equipararse a la velocidad, variedad y sensibilidad
de nuestros pensamientos, lo único que podemos hacer es hacer una aproximación
de lo que tenemos en la cabeza. Tendemos a generalizar la información, y
presentamos una versión simplificada que en parte distorsiona lo que realmente
queremos decir.
Lo verdaderamente importante de las preguntas metamodelo es
que nos permiten entrar a la mente de la persona, y no se trata de tener razón,
sino de explorar la experiencia de nuestro interlocutor lo mejor que podamos,
sin entrar en conflicto ni hacer sentir incómoda a la otra persona. Esto con el
objetivo de que cualquier interacción que tengamos, ya sea una entrevista, una
discusión, un debate o una simple conversación sea lo más natural y dinámica
posible. También, según el video de “Meta Model in Coaching” (2016), el
metamodelo se enfoca en recuperar la información perdida que las personas
tienden a no mencionar, o, como se menciona en sus categorías, en omitir.
Las preguntas metamodelo y el desafío para las falacias se
dividen en tres grandes aspectos: generalización, omisión y distorsión. Estas
falacias nos impiden a nosotros comunicarnos más abiertamente y podemos hacerlo
inconscientemente o a propósito.
La generalización consiste en no entrar en detalles sobre
de lo que se está diciendo, y normalmente se intenta hacer que sea válido para
todas las situaciones. A su vez, existen generalizaciones de tipo limitante, las
cuales encierran a una persona o situación bajo una sola cualidad ya sea positiva
o negativa.
La omisión es cuando, tal como lo describe la palabra, el
interlocutor evadir u omitir información sobre lo que está hablando, o no es lo
suficientemente específico en sus palabras, como por ejemplo cuando se omite el
quién, cómo, cuándo o dónde. Eso mismo sucedió cuando Paula mencionó a su jefa
como “ella” sin haberlo especificado antes.
Y por último tenemos la distorsión, la cual consiste en hacer
cambios a la experiencia a la hora de contarla, ya sea a propósito o
inconscientemente. Aunque esto pueda conducir a efectos negativos, también
posibilita la creación artística y la proyección a futuro de la conversación.
Ya sea aplicándolo dentro de una entrevista o cualquier
otra situación en donde se requiera una activa interacción entre dos o más
personas, el metamodelo ha contribuido a incontables campos académicos, no
solamente en los que se estudia el lenguaje, sino también al coaching y la especialización
en el liderazgo organizacional.
“Los buenos comunicadores
explotan los puntos fuertes y débiles del lenguaje. La habilidad para emplear
el lenguaje con precisión es esencial para cualquier comunicador profesional”
(Echeverría, s.f).
Dentro de los metamodelos es
crucial ser capaz de poder emplear las palabras adecuadas, las cuales podrán
tener mayor significado en el mapa mental de otras personas, de igual forma nos
ayudará a determinar de forma precisa lo que una persona quiere decir. Para,
según el doctor Echeverría. Eso mismo es la comunicación, el metamodelo junto
con los demás temas que hemos visto en la clase de investigación forman parte
de una red mucho más extensa y grande de la una comunicación no solo más
efectiva, sino también más humana.
Referencias:
Echeverría, D. R.
METAMODELO DEL LENGUAJE.
Meta Model in
Coaching. https://youtu.be/OkfZZMolSYA?si=jtVUGamzqBLqIYNm
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